Rodrigo Guzmán y Luis Ortigoza en una escena de "Coppelius, el Mago"

Fotografía: Patricio Melo

Este 29 de Mayo, en el Teatro del Centro Cultural de Carabineros de Chile, asistimos a presenciar “Coppelius, el Mago”, la nueva puesta en escena del Ballet de Santiago. La creación coreográfica corresponde a Marcia Haydée, directora artística de la compañía y música de Leo Delibes. La nueva sala de espectáculos capitalina ofrece una visión amplia y total desde cualquier ángulo y localidad, además una excelente acústica para la música instrumental; quizás una buena regulación de la temperatura ambiental al interior de la sala, nos permitiría comprobar que estamos ante un espectáculo artístico y no al interior de un baño sauna.

Un poco de historia:

El ballet “Coppelia” se basa en la adaptación realizada por Charles Nuitter y Arthur Saint-León, para uno de los cuentos del clásico de la literatura germana E.T.A. Hoffmann. Su primer coreógrafo fue el francés Arthur Saint León y se estrenó en la Ópera de París el 25 de Mayo de 1870. Su éxito fue rotundo e inmediato; pero a poco andar, las representaciones en la Ópera de París debieron ser canceladas por el inicio de la guerra franco-prusiana (Julio de 1870 – Mayo de 1871). La entretenida historia de Swanhilda, el joven Franz y el excéntrico Dr. Coppelius, incluye además variados y divertidos personajes que lo sitúan como uno de los más famosos ballets-comedia de todas las épocas.


“Coppelia” reúne tres elementos que lo hacen atractivo hasta hoy día como un clásico de baile: Incluye la técnica del ballet clásico, las danzas escénicas y de carácter y la pantomima; todo esto, contribuye a una marcada diferencia entre las obras que le anteceden (aquellas que abarcaron el periodo romántico como “Giselle” y “La Sylphide”) y las posteriores que le sucedieron junto al florecimiento del Ballet Ruso Imperial y el clasicismo por excelencia (“Lago de los Cisnes”, “La Bella Durmiente” y “Cascanueces” entre otras.)


Leo Delibes, comisionado para escribir la música, encuentra en esta partitura su consagración como compositor de ballet, quien a su vez era admirado y reconocido por Piotr Ilich Tchaikovsky como el mejor compositor del género en su época. Escribe para “Coppelia” una partita rica en sonidos, melodía pura y elaborada, usando adecuadamente la variada gama de los timbres instrumentales de las cuerdas, maderas y bronces; sumado todo esto, a una gran diversidad rítmica. Una muestra de ello, es el conocido Vals Lente del Acto I, donde participa la flauta traversa en contrapunte con las cuerdas. Desarrolla la melodía sobre los punteos de las cuerdas (pizzicatos), dando paso al tema principal resuelto por los violines y punteos de los cellos. En esta obra se incluye por vez primera, a las “czardas”, danza nacional húngara. “Coppelia”, pertenece al tipo de obras llamadas ballet demi-charactére.


De la creación:

Las reinterpretaciones o nuevas lecturas de los grandes clásicos del ballet, no siempre resultan ser felices; sin embargo, una cosa es clara e indiscutible en esta propuesta... Marcia Haydée, desarrolla una línea argumental fluida, contando su narrativa con buen ritmo y dinámica. Es plenamente convincente, aun cuando difiera en ciertos aspectos del original. Nos adentra al mundo de la magia, nos vuelve a la niñez dorada y al mundo de ensueños que todos llevamos oculto en alguna parte de nuestro ser. La coreógrafa llega a buen puerto con su apuesta para esta magistral y divertida recreación del ballet “Coppelia” (creado para el Ballet de Santiago en 1993). Su particular visión... ¡creyente absoluta en el mundo de los gnomos y duendes según su propia confesión!, Haydée decide “alterar” y dar un protagonismo mayor al excéntrico Dr. Coppelius, transformándolo en el hilo conductor de toda la obra. En esta versión Coppelius es un apuesto gitano con ciertas facultades y poderes mágicos; cuya casa es compartida por unos traviesos enanos y burlescos duendecillos. La misión final del gitano es hacer el bien en la comarca, uniendo en amor a la joven pareja de Swanhilda y Franz. Las danzas compuestas por Marcia Haydée son de gran riqueza estética, chispeantes y en algunos casos complejas. Las variadas danzas, el diseño de piso y fraseo coreográfico, dan contenido al total de la idea planteada por la creadora.


De las interpretaciones:

Natalia Berríos (Swanhilda), nos entrega una excelente recreación del personaje revelándola como una fina comediante. Si bien, la conocemos en estupendas interpretaciones en roles de corte más bien líricos; en esta oportunidad, sorprende por el histrionismo logrado para esta “Swanhilda”. Su personaje es fresco, chispeante, caprichoso y divertido, sumado a la gran técnica que posee, notamos en ella un gran avance como intérprete. Es exquisitamente grácil verla desfallecer de amor por Coppelius; mientras Franz, se desvive por llamar su atención. Natalia Berríos, logra dar contenido y cuerpo a este difícil y exigente rol; ya que requiere una bailarina demi-charactére capaz de incorporar la técnica, la actuación y la pantomima de forma absolutamente natural descartando los estereotipos. Un rol cansador por la carga escénica que conlleva, no obstante Natalia Berríos cumple con los requerimientos y convence en su personaje.


Luis Ortigoza en el personaje de Franz (el joven enamorado) y Tuschk (el muñeco de quien gusta Swanhilda), sale bien parado y con buenos delineamientos para ambos roles. Como Franz, la pasa harto mal, recibiendo los constantes desprecios de Swanhilda quien corre a los brazos de un distante Coppelius. Ortigoza nutre su personaje con matices pequeños, pero interesantes que dan brillo a sus intervenciones danzadas. Su Franz, cuan “jote” revoloteando la presa, se desvive en atrevidas danzas y competencias llenas de virtuosismo para llamar la atención de su amada. El segundo acto lo posiciona de mejor manera al representar al muñeco Tuschk, el mismo que gracias a la intervención del Hada del Amor, revela a Swanhilda que es el mismo Franz; descubriendo ella, finalmente estar enamorada de él. Hermosa interpretación del Pas de Deux final junto a Natalia Berríos de forma fluida y musical. La coda final del acto segundo, permite lucir su virtuosismo y despliegue técnico.


Rodrigo Guzmán (Coppelius, el Mago), de vuelta a la escena en propiedad tras una seria lesión que lo mantuviera alejado de las tablas, el bailarín nos entrega una muy buena interpretación y recreación de su personaje. Es el hilo conductor de toda esta particular versión que nos presenta Marcia Haydée, el artista compone a un gitano muy varonil y con cierto aire felino que da gracia y carácter a su rol. Rodrigo Guzmán, tiene un buen despliegue técnico en sus giros y saltos y desde el inicio, nos adentra al mundo gitano con el fondo musical del “Pizzicato” de Silvia. Su personaje está bien resuelto en términos de composición, imprimiéndole fuerza y carácter al personaje, Seguro y concreto técnicamente, notamos una madurez como artista en esta etapa.


José Manuel Ghiso en el rol del gitano principal realiza una muy buena intervención. Sólido, técnico y fuerza interpretativa; Pablo Aharonian, asume un simpático personaje: Zimmo, gnomo de los sueños, le permite una divertida y pícara intervención en el Acto II , específicamente en la danza española o bolero.


Maite Ramírez (Hada del Amor) y Gabriel Bucher (su caballero) ambos de bellas líneas danzan un hermosísimo Pas de Deux con interesantes lift, cambios y pasadas compuesto por Marcia Haydée. Ambos ponen el toque lírico a través de esta danza en medio de tanto jolgorio. Técnicamente muy limpios y musicalmente acabados. Maite Ramírez, fina y elegante con buen dominio de sus brazos y pies; solo debe proyectar la mirada para imprimirle luz a su danza. Por otra parte, Gabriel Bucher se muestra como un sólido partenaire moviéndose con elegancia y suavidad. Si atendiese a la parte alta de su espalda, tendría un mayor aplomo en escena.

Solistas y cuerpo de baile, limpios técnicamente y comprometidos en sus roles. Tanto las amigas como los amigos tienen un muy buen desempeño en la escena. Hay que destacar especialmente la fuerza y destreza en los varones gitanos. Ahora bien, en cuanto a las danzas de carácter, especialmente Mazurka y Czardas; habrá que atender al lenguaje más acabado de cada una de ellas. (posturas y posiciones de brazos y piernas en relación a las estrictamente académicas). La limpieza de los brazos, los épaulement, las llaves(simples y dobles), las llaves de finalizacion, la galubietz, la veriovochke, etc., dan finura y calidad a la danza de carácter. Advertimos que si bien, el material correspondiente en parte está incluido en las danzas referidas, el mismo es confuso y poco definido.


La escenografía y vestuario de Pablo Núñez es rico en colorido y tonalidad. La escena del Acto II en colores madera natural, da calidez a la escena interior de la casa de Coppelius. La iluminación de José Luis Fiorruccio, genera las distintas atmósferas a través del relato danzado con buen logro en el trabajo de la luz y sombra.


La Orquesta Filarmónica de Santiago, dirigida en esta ocasión por el maestro invitado Pedro-Pablo Prudencio, conduce a buen final esta comedia danzada. Batuta clara y tempo acorde para danzar. La orquesta suena bien timbrada y la diversidad instrumental tiene unidad de cuerpo, llenando absolutamente la sala con sonido compacto, afinado y definido.


Conclusiones:

Las dimensiones del palco escénico en términos de ancho, alto y fondo, lamentablemente son insuficientes para el lucimiento de esta gran producción del Ballet de Santiago. Entre la suma y resta, indudablemente hay muchos más logros que falencias para este peculiar “Coppelius, el Mago” de Marcia Haydée.

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